El empaque como pieza clave para conservar recursos y competitividad
Hablar con Eduardo Legorreta es entrar a una conversación donde el empaque deja de ser un objeto cotidiano para convertirse en una pieza clave dentro de discusiones mucho más amplias: seguridad alimentaria, competitividad industrial, regulación ambiental, recursos naturales y futuro económico.
Especialista en sustentabilidad, economía circular y desarrollo de negocios, actualmente se desempeña como director asociado de Sustentabilidad y Crecimiento de Negocios en Revolution Sustainability Partners. Además, participa activamente en la AMEE (Asociación Mexicana de Envase y Embalaje) como presidente del Comité de Sustentabilidad, desde donde impulsa iniciativas relacionadas con economía circular, regulación ambiental y transformación sostenible dentro de la industria del empaque en México.
A lo largo de la conversación, Legorreta insiste en una idea: el verdadero reto no está únicamente en sustituir materiales o cumplir regulaciones, sino en entender que la sustentabilidad ya forma parte de la competitividad de las empresas y de la capacidad de los países para conservar recursos en el largo plazo.
Más que una tendencia, dice, estamos frente a un cambio estructural.
“El empaque dejó de ser un simple contenedor”
¿Cómo ha cambiado el papel del empaque dentro de la industria HORECA?
Hoy el empaque es mucho más que un contenedor. Se convirtió en un elemento esencial para garantizar seguridad alimentaria, extender la vida útil y facilitar la distribución.
“Muchas veces pareciera que el empaque es algo estético o incluso prescindible, pero, si no existiera, tendríamos que producir muchísimo más alimento para consumir lo mismo”, explica.
Para Legorreta, basta observar cómo funcionan actualmente las cadenas de suministro globales para entender la relevancia del tema.
“Un Tetra Pak puede conservar leche hasta por un año sin refrigeración. Antes tenías que ir diariamente por ella. Ese tipo de avances transforman completamente la manera en la que alimentamos a millones de personas”.
“No existen materiales buenos o malos”
Hoy existe una presión importante contra ciertos materiales, especialmente los plásticos. ¿El debate público está realmente bien enfocado?
“No existen materiales buenos o malos”, responde casi de inmediato. Lo que existe, explica, son materiales eficientes, aprovechables o mal gestionados.
Desde su perspectiva, el problema es que el debate suele simplificarse demasiado y termina reduciéndose a una discusión entre materiales “correctos” o “incorrectos”, cuando en realidad el verdadero desafío está en cómo se aprovechan los recursos.
“Seguimos viendo muchos materiales como basura y no como recursos. Ahí está el error”.
Para él, la conversación debería centrarse menos en demonizar materiales y más en construir estrategias capaces de mantenerlos dentro de la economía el mayor tiempo posible.
“Más que un reto de materiales, enfrentamos un reto de educación y estrategia”.
Los cuatro pilares de una estrategia sostenible
¿Cuál es hoy el mayor desafío para la industria HORECA?
Legorreta no separa regulación, costos o consumidores; pues para él, todo forma parte del mismo ecosistema.
“La sustentabilidad no puede quedarse únicamente en cumplimiento regulatorio”.
Su propuesta gira alrededor de cuatro pilares: sociedad, tecnología, regulación y economía.
La sociedad, explica, obliga a las empresas a entender nuevas expectativas de consumo. La tecnología permite desarrollar soluciones viables. La regulación marca el marco operativo. Y la economía determina si el modelo puede sostenerse en el tiempo.
“Cuando esos cuatro pilares se alinean, realmente estás construyendo una estrategia sostenible”.
El primer paso es educarse
Muchas empresas quieren migrar hacia modelos más sustentables, pero no saben por dónde empezar. ¿Cuál debería ser el primer paso?
“Conocer”, responde.
Para Legorreta, uno de los mayores problemas actuales es que muchas decisiones ambientales se toman desde el desconocimiento:
“Intentamos copiar lo que hacen otros países sin entender que las condiciones económicas, regulatorias y sociales son completamente distintas”.
Además, explica que la sustentabilidad ha evolucionado a tal velocidad que hoy existen conceptos técnicos que muchas empresas todavía no terminan de comprender:
“Ya no basta con hablar de reciclable o biodegradable. Hoy hablamos de economía circular, reciclabilidad avanzada, tecnologías de aprovechamiento, huella de carbono y nuevas formas de medir impactos”.
Por eso insiste en que la educación debe ser el punto de partida. “La sustentabilidad no puede simplificarse al cambiar plástico por papel”.
México aún tiene retos importantes
¿México está preparado para enfrentar regulaciones ambientales más estrictas?
Mientras otros países discuten cómo reincorporar materiales posconsumo a procesos industriales, en México todavía existen debates básicos alrededor de la separación de residuos. Sin embargo, Legorreta evita plantearlo como un problema exclusivamente de infraestructura:
“Es un tema de conciencia, educación y colaboración”.
Para él, uno de los grandes cambios pendientes consiste en entender que la economía circular no se trata únicamente de evitar basura, sino de conservar recursos.
“No estamos hablando solamente de reciclaje. Estamos hablando de cómo mantener recursos dentro de la economía el mayor tiempo posible”.
Impuestos ambientales: ¿castigo u oportunidad?
¿Los impuestos ambientales están ayudando realmente a transformar a las empresas?
“Pueden convertirse en una oportunidad o en una carga, dependiendo de cómo se entiendan”.
Legorreta considera que muchas empresas siguen viendo las regulaciones ambientales únicamente como trámites administrativos. Pero el cambio, dice, es mucho más profundo:
“Hoy ya no se trata solamente de cumplir requisitos. Se trata de construir cadenas completas de aprovechamiento”.
Eso implica colaborar con consumidores, recicladores, distribuidores y otras industrias para reincorporar materiales a nuevos procesos productivos:
“Si lo entendemos bien, puede fortalecer la competitividad, reducir costos y generar nuevas oportunidades”.
El riesgo del greenwashing
¿Cuál es el error más común que siguen cometiendo las marcas al comunicar sustentabilidad?
Para Legorreta, muchas empresas continúan utilizando conceptos ambientales de manera superficial o ambigua:
“Hay productos que dicen ser biodegradables o ecológicos sin explicar realmente qué significan esos términos o cómo deben gestionarse”.
El problema, explica, es que la conversación ambiental ya dejó de ser únicamente reputacional:
“Hoy hablamos de recursos estratégicos, energía, cadenas productivas y competitividad”.
Por eso considera que las empresas necesitan comunicar con mucho mayor rigor técnico y responsabilidad: "La economía circular es colaboración”
Desde la perspectiva ASG, ¿qué tan importante será la colaboración entre industrias?
“Es indispensable”.
Legorreta insiste varias veces en la idea de colaboración como eje central de la economía circular: “Ninguna empresa puede hacerlo sola”.
Desde su perspectiva, el futuro dependerá de la capacidad de distintas industrias para construir esquemas compartidos de recuperación, reciclaje y aprovechamiento de materiales.
“Ahí está el verdadero cambio de mentalidad que necesitamos impulsar en México”.
El futuro del empaque en HORECA
¿Cómo imaginas el futuro del empaque dentro de la industria HORECA?
Legorreta visualiza empaques más funcionales, rediseñados y respaldados por nuevas tecnologías; también imagina sistemas de recuperación mucho más robustos y modelos capaces de acercarse cada vez más al “zero waste”. Pero insiste en que el verdadero cambio ocurrirá cuando los residuos sean vistos como recursos con valor económico.
“Eso ya ocurre con materiales como el PET transparente, el aluminio o el cartón. La gente sabe que tienen valor y por eso prácticamente no los ves tirados”.
En los próximos años, considera, veremos canales de acopio más formales, nuevas tecnologías de aprovechamiento y una menor dependencia de recursos vírgenes; y el cambio no solo alcanzará a los empaques:
“La economía circular también hablará de agua, energía y eficiencia operativa”.
ASG: el siguiente gran paso empresarial
¿Qué indicadores o métricas deberían comenzar a medir las empresas para saber si realmente están avanzando hacia un modelo más sustentable?
Hoy, el gran punto de partida son los reportes ASG: ambientales, sociales y de gobernanza. No existe una sola métrica universal porque cada industria tiene necesidades distintas; pero sí es importante que las empresas comiencen a documentar, medir y comunicar sus acciones relacionadas con sustentabilidad.
Eso incluye desde separación de residuos y ahorro de agua hasta huella de carbono, gobernanza corporativa y estrategias sociales. De hecho, actualmente ya existen estándares internacionales y nuevas obligaciones regulatorias que irán haciendo cada vez más relevante este tipo de información; por eso es fundamental que las empresas comiencen desde ahora.
Formación y educación: una prioridad urgente
Uno de los temas que más entusiasmo despierta en Legorreta es el relacionado con la formación empresarial. Actualmente participa en iniciativas impulsadas desde Revolution Sustainability Partners, en colaboración con la AMEE, para desarrollar diplomados, talleres y programas enfocados en ASG, empaque sostenible, impuestos ambientales y medición de huella de carbono.
También mencionó colaboraciones con Grupo Expansión y ESG Academy para impulsar educación especializada en temas ambientales, sociales y de gobernanza.
“Lo que buscamos es democratizar la información”, afirma.
Porque, desde su perspectiva, la sustentabilidad dejó de pertenecer exclusivamente al área ambiental. Hoy atraviesa operaciones, finanzas, innovación, logística, consumo y estrategia empresarial.
“No estamos hablando solamente de cumplir regulaciones. Estamos hablando de cómo conservar recursos para mantener competitividad y productividad en el futuro”.
Al final, mientras habla de empaques, residuos o economía circular, Eduardo Legorreta termina hablando de algo mucho más amplio: la capacidad de las industrias para adaptarse a un escenario donde los recursos dejaron de ser infinitos.
Para él, la sustentabilidad ya no puede entenderse únicamente como una conversación ambiental o reputacional; se convirtió en una discusión sobre competitividad, permanencia y futuro. Y, en esa transición, insiste, la colaboración y la educación serán tan importantes como la tecnología misma.