Voces de la Industria | Iliana Rodríguez Cavazos: “La única forma de avanzar es hacerlo juntos”

30 Septiembre 2026

Turismo, conservación y comunidad frente a los retos del Caribe mexicano

La directora Corporativa de Sostenibilidad de Grupo Xcaret habla sobre conservación, turismo, comunidades y los retos que enfrenta el Caribe mexicano para construir un modelo de desarrollo verdaderamente sostenible.

Para nuestra sección Voces de la Industria, donde nos reunimos con los líderes que están redefiniendo la industria de la hospitalidad, conversamos con Iliana Rodríguez Cavazos, una profesional que ha llevado la sostenibilidad de la teoría a una práctica vinculada directamente con la operación turística. 

Como directora Corporativa de Sostenibilidad de Grupo Xcaret, trabaja en uno de los entornos naturales y turísticos más emblemáticos del Caribe mexicano. Economista, comunicóloga y coach, preside además el Comité de Sostenibilidad para América Latina y el Caribe de IAAPA. Su perspectiva reúne tres dimensiones inseparables para el futuro del turismo: conservación, operación y bienestar comunitario.

En Grupo Xcaret, la sostenibilidad no comenzó como una estrategia corporativa perfectamente definida; surgió con el propio proyecto y con la convicción de que conservar el territorio era indispensable para que la actividad turística pudiera desarrollarse en él.

Con los años, aquella visión se transformó en programas de conservación, educación ambiental, empleo formal, capacitación, compras locales, investigación y alianzas con instituciones y comunidades.

Una frase resume de manera contundente esa filosofía: “Para conservar el negocio, el negocio es conservar”. La idea, explica Rodríguez Cavazos, refleja una manera de entender la relación entre actividad turística y territorio que ha evolucionado durante casi tres décadas.

En esta conversación hablamos con Iliana Rodríguez Cavazos sobre lo que significa llevar la sostenibilidad de la intención a la operación, los límites entre desarrollo turístico y conservación, la relación con las comunidades y los aprendizajes que el Caribe mexicano puede aportar a la industria internacional.

 

VI: ¿En qué momento la sostenibilidad dejó de ser una serie de acciones aisladas para convertirse en una forma de entender el negocio turístico?

IRC: En Grupo Xcaret la sostenibilidad prácticamente está en el ADN desde el origen. Los fundadores tenían muy claro que había que cuidar el medio ambiente, pero también existía una preocupación por la parte social y por la comunidad.

 

Al principio era algo muy empírico. Se tomaban decisiones porque se entendía que era lo correcto para conservar el lugar y también para conservar el propio negocio. De ahí viene esa frase que para mí explica muy bien la filosofía: “Para conservar el negocio, el negocio es conservar”.

 

Después vino un proceso de formalización. Empezamos a documentar lo que hacíamos, a establecer procesos y a asumir compromisos más estructurados. También comprendimos que no se trataba solamente de hacer el bien, sino de mejorar los “cómos” y preguntarnos “a quiénes” estamos beneficiando.

 

Eso nos llevó hacia una idea de prosperidad compartida. La sostenibilidad no puede ser únicamente una acción ambiental; tiene que formar parte de la manera en que hacemos negocio y generar beneficios para diferentes grupos.

 

VI: Cuando un destino turístico crece, ¿cómo se decide hasta dónde puede llegar ese crecimiento sin poner en riesgo aquello que precisamente lo hace atractivo?

IRC: Primero tenemos que entender que la naturaleza no reconoce las fronteras que nosotros establecemos. Lo que sucede dentro de una operación turística no está aislado del territorio.

 

Por eso es tan importante conocer el lugar donde se va a desarrollar un proyecto y hacer una debida diligencia antes de intervenir. Tenemos que saber qué existe en ese territorio, qué biodiversidad hay y qué impactos puede generar la construcción.

 

Nosotros hemos buscado evitar que un proyecto simplemente llegue y elimine todo lo que encuentra. Si existen árboles que pueden trasplantarse, buscamos hacerlo. Puede costar más, pero es una decisión que tiene sentido desde la perspectiva de conservación.

 

También hemos aprendido que no podemos resolver los problemas ambientales de un destino de manera aislada. “La única forma de avanzar es haciendo juntos”.

 

VI: Si miramos específicamente al Caribe mexicano, ¿cuál es hoy el reto ambiental que más exige a la industria turística?

IRC: Tenemos varios. El agua es uno de ellos, particularmente por la importancia de las cuencas y de los sistemas de ríos subterráneos de la región. También está la conservación del arrecife, porque lo que ocurre en tierra puede tener consecuencias sobre otros ecosistemas.

 

Tenemos además desafíos relacionados con residuos, energía y economía circular. Pero uno de los temas que considero cada vez más importante es la adaptación al cambio climático.

 

Estamos enfrentando fenómenos como el sargazo y los huracanes. La conversación ya no puede limitarse a cómo mitigamos nuestros impactos; también tenemos que preguntarnos cómo vamos a adaptarnos a condiciones que están cambiando.

 

La humanidad todavía está aprendiendo cómo hacerlo. Y por eso necesitamos trabajar con otros actores, compartir conocimiento y construir respuestas que permitan que el destino siga siendo viable.

 

VI: Hablas de respuestas colectivas. Pero para saber si realmente estamos avanzando necesitamos medir. ¿Qué tan difícil es medir la sostenibilidad en turismo?

IRC: La medición es fundamental. No basta con decir que hacemos sostenibilidad; tenemos que demostrar qué estamos haciendo y cuáles son nuestros resultados.

 

En nuestro caso hemos avanzado mucho en formalizar procesos y documentar las acciones. Sin embargo, todavía tenemos retos importantes, especialmente en la parte social.

 

Es más sencillo establecer determinados indicadores ambientales. Cuando hablamos de bienestar comunitario, cultura, inclusión o desarrollo social, la medición se vuelve mucho más compleja.

 

Además, América Latina tiene realidades distintas a Europa. Tenemos otros riesgos sociales, otras condiciones relacionadas con género, violencia y comunidades indígenas. Por eso no creo que simplemente debamos copiar modelos. Necesitamos construir respuestas que correspondan a nuestra propia realidad.

 

VI: Hay algo todavía más difícil de medir: lo que sucede con el visitante. ¿Puede una experiencia turística modificar la manera en que una persona entiende la sostenibilidad?

IRC: Creo que sí, aunque todavía tenemos un reto para medirlo de manera rigurosa.

 

Tenemos programas de educación ambiental que llevan muchos años y buscamos que el visitante conozca determinadas decisiones que forman parte de nuestra operación. Pero también tenemos que entender que las personas están de vacaciones.

 

Una familia quiere divertirse, descansar y disfrutar. No podemos convertir toda la experiencia en una especie de recordatorio permanente de los problemas del planeta. Tenemos que encontrar un equilibrio entre sensibilizar y permitir que las personas disfruten.

 

La sostenibilidad puede estar presente en decisiones pequeñas. Por ejemplo, que el visitante no encuentre botellas de plástico y tenga acceso a dispensadores de agua.

 

No tenemos una metodología específica que nos permita decir cuánto cambió la percepción del visitante después de su experiencia. Sí recibimos comentarios y observamos determinadas reacciones, pero todavía es un campo en el que tenemos que aprender.


VI: En esa experiencia del visitante, ¿cómo entra la comunidad? ¿Dónde empieza realmente la responsabilidad de una empresa turística con el territorio?

IRC: Para nosotros, las primeras comunidades están muy cerca: Cancún, Puerto Morelos, Playa del Carmen, Valladolid. Uno de los primeros compromisos fue generar empleo formal y digno.

 

Eso significa prestaciones, seguridad social, un salario completo y un espacio de trabajo seguro. Pero también significa ofrecer oportunidades de desarrollo.

 

Tenemos acuerdos para que nuestros colaboradores puedan estudiar, desde alfabetización hasta preparatoria, y buscamos que puedan crecer profesionalmente.

 

Hay una frase que resume muy bien esa visión: “El costo de no capacitar es enorme”.

 

Incluso si una persona posteriormente deja la organización, creemos que la capacitación sigue teniendo valor. Estamos contribuyendo a que tenga mejores herramientas para su vida y para su futuro.

 

VI: La relación con el territorio también se construye a través de las compras. ¿Puede la cadena de suministro convertirse en una herramienta de desarrollo local?

IRC: Nosotros tenemos como prioridad México. Dentro de México buscamos favorecer lo local, regional y nacional siempre que existan las condiciones de calidad y seguridad necesarias.

 

También buscamos apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas de Quintana Roo.

 

La actividad turística tiene una capacidad importante para generar una derrama que no debe quedarse únicamente dentro de la empresa. La sostenibilidad también tiene que ver con la manera en que compramos, con quién compramos y con cómo construimos relaciones de largo plazo.

 

Cuando hablamos de sostenibilidad estamos hablando también de la relación de la empresa con el territorio.

 

VI: Y cuando esa relación involucra cultura y patrimonio, aparece otro desafío: ¿cómo evitar que una tradición termine convertida simplemente en un producto turístico?

IRC: Tenemos que acercarnos a las comunidades desde la dignidad, la ética y el respeto.

 

En el caso de las comunidades mayas y de otras expresiones culturales, hemos aprendido que no podemos simplemente tomar una tradición porque resulta atractiva para el visitante. Tenemos que escuchar a quienes son portadores de esa tradición.

 

Por eso desarrollamos procesos de investigación y buscamos asesoría especializada. También creamos estructuras internas para revisar estos proyectos desde diferentes áreas.

 

El Festival de Tradiciones de Vida y Muerte es un ejemplo de este trabajo, pero también existen iniciativas relacionadas con el patrimonio biocultural y con comunidades que mantienen vivas determinadas prácticas.

 

Para mí hay algo fundamental: no podemos tener una visión utilitaria de la cultura.

 

VI: Esa perspectiva implica reconocer que una empresa también tiene que aprender. Después de casi tres décadas, ¿cuál ha sido el aprendizaje más importante?

IRC: Que esto es un proceso permanente. No podemos decir: “Ya llegamos, ya somos sostenibles”.

 

Incluso cuando hablamos de regeneración tenemos que ser cuidadosos. No se trata de decir que antes éramos sostenibles y ahora somos regenerativos. Existen acciones de mitigación, compensación y regeneración que pueden convivir.

 

También hemos aprendido que la sostenibilidad necesita institucionalizarse. Hay que generar procesos, equipos, políticas y mecanismos que permitan que no dependa solamente de la voluntad de una persona.

 

Y, sobre todo, necesitamos alianzas. Hemos trabajado con gobierno, academia, organizaciones de la sociedad civil y especialistas. En proyectos relacionados con patrimonio arqueológico, por ejemplo, hemos tenido que recurrir al conocimiento de instituciones y expertos para comprender mejor el territorio.


VI: Entonces, ¿la sostenibilidad también implica reconocer los límites de una empresa y la necesidad de trabajar con otros?

IRC: Definitivamente. La naturaleza no entiende de fronteras empresariales.

 

Una empresa puede hacer mucho dentro de su operación, pero existen problemas que necesitan una respuesta colectiva. Por eso es tan importante compartir buenas prácticas y entender qué está funcionando en otros lugares.

 

La colaboración no es solamente deseable; en muchos casos es indispensable.

 

En el Caribe mexicano existen ejemplos de empresas sociales, turismo comunitario y proyectos de regeneración. Hay experiencias que pueden ser interesantes para otras regiones del mundo.


VI: Como presidenta del Comité de Sostenibilidad para América Latina y el Caribe de IAAPA, ¿qué puede aportar México a esa conversación internacional?

IRC: Creo que tenemos mucho que compartir porque nuestras realidades son diferentes.

 

América Latina enfrenta condiciones sociales, culturales y ambientales particulares. Eso nos ha obligado a desarrollar respuestas propias. Tenemos experiencias de turismo comunitario, conservación y regeneración que pueden ser relevantes para otras regiones.

 

Incluso hay prácticas del Caribe mexicano que pueden estar adelantadas respecto de otras partes del mundo.

 

Pero no se trata de pensar que tenemos todas las respuestas. Tenemos que documentar lo que hacemos, medirlo, compartirlo y aprender también de otros.

 

La región tiene mucho que aportar precisamente porque ha tenido que resolver problemas complejos desde sus propias condiciones.

 

Hablar de sostenibilidad en el turismo también es hablar de aquello que queremos conservar para quienes vienen después. De los paisajes que nos reciben, de las comunidades que dan identidad a cada destino y de una forma de crecer que no obligue a elegir entre desarrollo y preservación.

La mirada de Iliana Rodríguez Cavazos recuerda que ningún proyecto turístico existe aislado de su entorno. Cada decisión toca un territorio, una comunidad y una historia; por eso, hacer de la sostenibilidad parte de la operación no significa cumplir con una tendencia, sino reconocer que el verdadero valor de un destino está precisamente en aquello que lo hace irrepetible.

Porque quizá el mayor desafío del turismo no sea atraer a más personas, sino lograr que, después de recibirlas, el lugar siga siendo igual de extraordinario para quienes aún no han llegado.

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